El anuncio de
Toyota de trasladar la producción de la camioneta Tacoma de Tijuana a San Antonio, Texas, abre un periodo de incertidumbre para una de las plantas automotrices más importantes de la frontera. Aunque el proceso concluirá en
2030, trabajadores y proveedores anticipan que los efectos comenzarán a sentirse mucho antes.
Empleos y proveedores en riesgo
La decisión de la armadora japonesa pone en peligro
miles de empleos directos e indirectos, además de la actividad económica de decenas de pequeñas y medianas empresas que durante más de dos décadas han dependido de la operación en Baja California. Para buena parte de esas cadenas de suministro, la salida representa un golpe difícil de compensar en el corto plazo.
Un problema más allá de la política comercial
Mientras el Gobierno federal minimiza el impacto, empresarios y especialistas advierten que el origen del problema rebasa la política comercial del presidente
Donald Trump. Señalan que la falta de infraestructura energética y las limitaciones para expandir la capacidad industrial han reducido la competitividad de la región.
Una señal de alerta para la frontera
El eventual cierre de la planta es interpretado por trabajadores y empresarios como una advertencia sobre el futuro de la
industria manufacturera en Tijuana, una ciudad cuya economía depende en gran medida de la inversión extranjera y de las cadenas de suministro vinculadas al mercado estadounidense.
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